„Tsukuru Tazaki siguió recorriendo estaciones de tren, haciendo bocetos y asistiendo a todas las clases de la universidad. Por las mañanas se duchaba, se lavaba el pelo y, después de desayunar, se cepillaba los dientes. Todas las mañanas se hacía la cama y se planchaba la camisa. Procuraba no tener demasiado tiempo libre. De noche leía unas dos horas, la mayoría de las veces libros sobre historia y biografías. Eran hábitos adquiridos hacía mucho tiempo. Y su vida avanzaba por la fuerza de la costumbre. Pero ahora ya no creía en grupos perfectos y armónicos, ni sentía en su cuerpo el calor de ninguna química.“

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